No necesitaba abrir lo ojos para saber donde estaba, escuchaba su respiración a escasos centímetros, un sonido del cual me había acostumbrado. Abrí los ojos lentamente y ahí lo vi. Despeinado y acurrucado contra mi pecho. Una mano la tenia en mi cadera y la otra detrás de mi espalda. Nuestras piernas se cruzaban formando eses interminables. Abrió los ojos y me besó, fue un beso rápido, pero el hecho de que nuestros labios se tocasen ya hacía que mi estomago se volviese loco. Se movió para estar a la misma altura y me susurró un "te quiero nena", su voz era ronca. Le besé porque quería besarlo. Y ahí nos quedamos por una eternidad, entre besos y te quieros.
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